
A más de dos siglos de las batallas que sellaron la independencia nacional, la historia oficial suele rendir honores a sus próceres en bronce y monumentos. Sin embargo, los documentos de archivo revelan un costado mucho menos heroico y profundamente injusto. Es una historia no conocida, y que perdura en el tiempo. Fue constante asfixia económica a la que las autoridades centrales y provinciales sometieron a Martín Miguel de Güemes, y la negativa sistemática del Estado a saldar los sueldos y aportes que le debía a su familia tras su muerte. Hoy esa deuda, aún persiste.
Durante la Guerra Gaucha, el general Martín Miguel de Güemes no solo puso su vida al servicio de la causa libertadora, sino también su patrimonio familiar y personal. Frente al permanente desabastecimiento e indiferencia de los gobiernos de Buenos Aires y de los sectores oligárquicos locales —agrupados en la denominada Patria Vieja—, Güemes debió recurrir a contribuciones forzosas, empréstitos e incluso al empeño de sus propios bienes para sostener al ejército de gauchos que frenó las sucesivas invasiones realistas.
Pese a ostentar el rango de General y Comandante en Jefe del Ejército de Observación, el estipendio militar que le correspondía por sus servicios sufría sistemáticos atrasos o directamente no se le liquidaba.
“El costo fiscal de la Guerra Gaucha se descargó principalmente sobre el patrimonio de Güemes y de sus aliados más cercanos. Al revisar las actas de la Tesorería de Salta entre 1818 y 1821, es evidente el desfase sistemático entre los rubros devengados a su favor y las sumas que efectivamente ingresaban a la caja militar. Güemes pagaba el alimento, las mulas y la pólvora de su bolsillo con la promesa implícita de un reintegro estatal que jamás llegó”, señala el especialista en finanzas del período independentista, Dr. Ignacio Ramos.
Tras el trágico deceso del héroe salteño en junio de 1821, golpeado por la bala enemiga y traicionado por sectores de la élite local, la situación se tornó aún más dramática. Apenas diez meses después, en abril de 1822, falleció su joven esposa, Margarita Carmen Puch, dejando en la absoluta orfandad a tres niños pequeños: Martín del Milagro, Luis e Ignacio.
En los años posteriores al fallecimiento del prócer, la familia Güemes realizó reiteradas gestiones y reclamos formales para percibir los sueldos atrasados, haberes militares y compensaciones por las deudas que Güemes había contraído para pertrechar a sus tropas. La respuesta de las administraciones políticas de la época osciló entre la burocracia dilatoria, la persecución económica hacia el círculo güemesiano y el rechazo explícito a reconocer los compromisos asumidos.
“Los gobiernos provinciales posteriores a 1821, dominados por los antiguos opositores al güemismo, adoptaron una postura implacable. En las actas del Cabildo y de la Junta de Representantes de la época se observa una intencionalidad política clara: desestimar las peticiones de los tutores de los huérfanos considerando las deudas de guerra como pasivos extinguidos con la muerte del comandante”, explica la investigadora y docente universitaria Laura Castellanos.
Los tíos y tutores de los huérfanos tuvieron que sostener la crianza de los niños recurriendo al auxilio de la familia materna (los Puch) y administrando como pudieron las fincas rurales golpeadas por el conflicto bélico. Mientras tanto, en las oficinas gubernamentales, los reclamos continuaron juntando polvo.
“Existen registros contables fechados hacia 1838 donde el expediente de compensación salarial de la familia Güemes figura anotado bajo la escueta leyenda ‘En reserva por falta de fondos públicos’, un eufemismo de la época para archivar las actuaciones definitivamente”, añade Ramos.
Las décadas posteriores vieron a los herederos de Güemes reconquistar protagonismo público —como Martín del Milagro Güemes Puch, quien llegó a ser gobernador de Salta en 1857—, pero el reclamo original por la liquidación de los devengados militares quedó diluido en los vaivenes políticos del país y enterrado en los archivos estatales.
La paradoja de Güemes es la de un héroe que garantizó la libertad del norte argentino a costa de su propia salud y economía, recibiendo a cambio el abandono financiero del Estado que ayudó a fundar. Una deuda histórica que, en términos materiales, nunca fue cobrada por quienes más padecieron el costo de la independencia
Valle de Lerma Hoy

