
“El colectivo ya no alcanza. Nos toca quedarnos parados o directamente no viajar”, relatan vecinos. La situación es aún peor en días de recambio laboral, cuando los trabajadores regresan a sus hogares y saturan el único servicio disponible. Ante la urgencia, algunos se ven obligados a pagar viajes particulares que pueden costar hasta $200.000 hasta la capital salteña. La preocupación aumenta con la proximidad, una vez más, de las bajas temperaturas.
“Estamos mirando cómo se ocupan todos los asientos. Si es una emergencia, no hay opciones”, sostienen. El reclamo apunta a la falta de controles en los cambios de domicilio, que —según denuncian— muchas veces no reflejan residencias reales. “Deberían exigir residencia efectiva, no domicilios fantasma”, cuestionan.
El trasfondo revela un problema creciente: el desarrollo minero trae oportunidades laborales, pero también desborda infraestructuras que no crecen al mismo ritmo. En la Puna, el progreso convive con la desigualdad en el acceso a servicios esenciales. Y mientras no haya regulación, los más afectados seguirán siendo los de siempre: los verdaderos habitantes del lugar.
Valle de Lerma Hoy
