
Un camino de cerros, colores y ríos hoy lo están invadiendo con anuncios que tapan todo. Y no se trata de pequeños carteles informativos, son grandes lonas publicitarias, muchas montadas sobre pequeños terrenos alambrados, pertenecientes en varios casos a comunidades originarias. ¿Las empresas pagan un canon por colocar ahí sus carteles? ¿Hay legislación que regule esto? ¿Quién controla esta actividad? Hoy en pleno corazón del paisaje andino, los carteles se multiplican como cardones y nadie da explicaciones.
Todo esto se suma a un problema ya grave, el creciente volumen de basura a lo largo de la ruta, los camiones pesados que cruzan diariamente y el estado calamitoso de la Ruta Nacional 51. Visitar la Quebrada del Toro ya no es una experiencia natural ni segura. Y la pregunta es inevitable ¿qué espera ver el turista que se aventura por este tramo? ¿Los cerros imponentes o la publicidad de una minera? ¿Los cardones centenarios o una lona que promociona containers?
Si no se actúa pronto, si no se legisla, si no se controla, la Quebrada del Toro corre el riesgo de dejar de ser una maravilla natural para convertirse en un corredor publicitario minero a cielo abierto. Y ahí sí, no habrá cartel que alcance para explicar cómo permitimos semejante atropello.
Valle de Lerma Hoy
