Amenazas que no son juego: Ya son 4 los detenidos y 2 los demorados por los graffitis 

Lejos de tratarse de un “reto viral” inofensivo, lo que en las últimas horas se replicó en colegios secundarios de Salta y otras provincias del país es una señal de alarma: mensajes intimidatorios que simulan tiroteos, escritos anónimos y publicaciones que siembran miedo en comunidades educativas enteras. No es entretenimiento ni travesura. Es una forma de violencia que tiene consecuencias reales.

En la provincia de Salta, la situación ya derivó en intervenciones judiciales. Ahora, la Justicia busca determinar si existió planificación previa o si se trató de acciones aisladas, en un contexto donde estas conductas parecen replicarse con preocupante rapidez. En total cuatro alumnos de entre 18 y 19 fueron detenidos por realizar graffitis con contenido intimidatorio en un establecimiento educativo y dos menores de 17 años fueron demorados en la provincia. Las investigaciones incluyen requisas domiciliarias y el análisis de teléfonos celulares, bajo la órbita del Ministerio Público Fiscal.

Desde la Policía de Salta se emitió un mensaje: toda persona que incurra en amenazas, intimidaciones o incitación a la violencia será puesta a disposición de la Justicia. También se recordó que los padres o tutores pueden ser responsables por los daños causados por menores a su cargo. 

Pero más allá de lo penal, el fenómeno debe hacerse bajo una lectura más profunda. Estos episodios evidencian cómo ciertas lógicas de viralización digital —basadas en la búsqueda de impacto, notoriedad o pertenencia— pueden derivar en conductas de riesgo. La cultura del “todo vale por atención” encuentra en adolescentes en proceso de construcción identitaria un terreno fértil, especialmente cuando no hay una adecuada mediación adulta ni alfabetización digital.

Hay banalización de la violencia simbólica, lo que antes era impensado como broma, hoy circula como contenido replicable, despojado de contexto y consecuencias. La amenaza se convierte en lenguaje, y el miedo en una forma de visibilidad. Sin embargo, no todo es atribuible a una tendencia o a las redes sociales. Hay responsabilidad individual y colectiva. Nombrarlo como “reto viral” corre el riesgo de minimizar su gravedad.

Valle de Lerma Hoy

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