
Según trascendió, en el caso de Christian Herrera, el artista llegó al predio con la intención de cumplir su presentación, pero fue notificado de que no contaban con los fondos necesarios para abonarle. Ante esta situación, decidió retirarse, dejando a cientos de espectadores sin el espectáculo más esperado de la grilla. Desde la organización argumentaron que “no dieron los números” y que esperaban una mayor convocatoria, una explicación que lejos de calmar los ánimos, profundizó el malestar.
El descontento del público no tardó en hacerse sentir entre silbidos y pedido de la devolución del dinero, algo que hasta el momento no sucedió, con las entradas que tenían un estimado de $15 mil y $25 mil. La falta de comunicación clara por parte de los organizadores no hizo más que empeorar la situación. El festival ya venía mostrando señales de desorganización. Entre la transmisión del superclásico en pantalla gigante y extensas demoras entre artistas, el evento perdió ritmo. Tras la actuación de Wanabara, hubo una pausa prolongada antes de que “Canto del Alma” subiera al escenario, “luego de que lograra cobrar” según informaron. Finalmente, tras otro extenso intervalo, los organizadores anunciaron la baja de Cristian Herrera.
A esto se suma la ausencia de Víctor Herbas, quien directamente no se presentó por falta de pago. La acumulación de irregularidades terminó por desatar la bronca de los presentes, muchos de los cuales habían adquirido sus entradas incluso minutos antes, con la expectativa intacta de ver a los artistas principales. “Al final pagamos por el Dj y por ver el partido, tremenda estafa” explicaron algunos de los asistentes.
El festival ya había sido suspendido en una oportunidad, generando incertidumbre desde su anuncio. Desde la organización se intentó justificar lo sucedido señalando la falta de apoyo del municipio y de la política. Sin embargo, aquí hay un punto que desde hace mucho se discute en nuestros pueblos; cuando un evento es organizado de manera privada y se financia con la venta de entradas, las responsabilidades deben ser asumidas por quienes lo gestionan. No es razonable que, ante pérdidas o fallas organizativas, se pretenda trasladar esa carga al Estado o a recursos públicos y por consiguiente al bolsillo, en este caso de los cerrillanos.
La cultura y los festivales son fundamentales para la identidad de nuestro Valle de Lerma, pero también requieren profesionalismo, previsión y transparencia. Lo ocurrido en Cerrillos deja una enseñanza clara: no se trata solo de números que no cierran, sino de la necesidad urgente de ordenar criterios, asumir responsabilidades y establecer límites claros entre qué festival se financia de forma privada y que festival se financia de forma pública.
Valle de Lerma Hoy
