Crisis en La Puna: La minería, los domicilios “fantasma” y un transporte que ya no alcanza

En San Antonio de los Cobres y Tolar Grande, la actividad minera empieza a mostrar su otra cara, la presión sobre los servicios básicos. Vecinos de la Puna salteña vienen advirtiendo desde hace tiempo una situación que hoy se volvió insostenible, el colapso del transporte público. El problema, explican, está vinculado a los cambios de domicilio que muchas personas realizan, para acceder a empleos en Tolar Grande, aunque en realidad no residan allí. Esta práctica, cada vez más frecuente, genera una demanda artificial que termina afectando a quienes sí viven en la zona.

“El colectivo ya no alcanza. Nos toca quedarnos parados o directamente no viajar”, relatan vecinos. La situación es aún peor en días de recambio laboral, cuando los trabajadores regresan a sus hogares y saturan el único servicio disponible. Ante la urgencia, algunos se ven obligados a pagar viajes particulares que pueden costar hasta $200.000 hasta la capital salteña. La preocupación aumenta con la proximidad, una vez más, de las bajas temperaturas.

“Estamos mirando cómo se ocupan todos los asientos. Si es una emergencia, no hay opciones”, sostienen. El reclamo apunta a la falta de controles en los cambios de domicilio, que —según denuncian— muchas veces no reflejan residencias reales. “Deberían exigir residencia efectiva, no domicilios fantasma”, cuestionan.

El trasfondo revela un problema creciente: el desarrollo minero trae oportunidades laborales, pero también desborda infraestructuras que no crecen al mismo ritmo. En la Puna, el progreso convive con la desigualdad en el acceso a servicios esenciales. Y mientras no haya regulación, los más afectados seguirán siendo los de siempre: los verdaderos habitantes del lugar.

Valle de Lerma Hoy

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