
El crimen de “Cuca” Vilte en el pasaje Oscar Gallego de La Silleta vuelve a poner bajo la lupa una realidad que se repite una y otra vez: hombres con extensos antecedentes por hechos de violencia que continúan moviéndose con total libertad hasta que ocurre una tragedia.
El principal acusado es José Luis Gareca, de 55 años, oriundo de Orán, quien arrastraba un frondoso prontuario desde 1993. Según los registros conocidos por Valle de Lerma Hoy, acumulaba antecedentes por amenazas, robos y reiterados episodios de violencia familiar. Solo hasta 2021 pesaban sobre él cerca de ocho denuncias vinculadas a violencia de género y conflictos familiares.
Pese a ese historial, Gareca llegó a La Silleta, donde inició una relación con la víctima. Ahora la Justicia deberá determinar si durante ese vínculo existieron denuncias previas en la localidad o si hubo episodios de violencia que nunca fueron formalizados. Son interrogantes que hoy cobran una importancia decisiva.
La noche del homicidio, según coincidieron numerosos vecinos, estuvo marcada por una constante que ya era habitual en esa vivienda: abundante consumo de alcohol y música a un volumen ensordecedor. Las reuniones, aseguraron, eran frecuentes durante los fines de semana.
“Esa noche había música muy fuerte. No se escuchó nada de lo que pasaba adentro”, relataron vecinos, quienes sostuvieron que el volumen impedía advertir que, mientras sonaban las canciones, una mujer luchaba por su vida. Valle de Lerma Hoy
Los testimonios describen a “Cuca” Vilte como una mujer trabajadora, con una rutina cotidiana normal. Vivía junto a su hijo, mientras que Gareca frecuentaba la vivienda desde hacía un tiempo como pareja de la víctima.
Fue precisamente el hijo quien, al advertir el violento episodio, llamó desesperadamente al Sistema de Emergencias 911. Minutos después llegaron efectivos policiales y una ambulancia, pero los profesionales de la salud solo pudieron constatar que la mujer ya había fallecido.
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