Un apodo que preocupa “Pequeño J” de Quijano ¿Qué puede pasar con el menor acusado de amenazar a estudiantes ?

En Campo Quijano comenzó a circular entre vecinos y estudiantes un apodo: “el Pequeño J”. La referencia no es inocente. El nombre remite al joven peruano Tony Janzen Valverde Victoriano, conocido como “Pequeño J”, investigado por su presunta participación como autor intelectual del triple femicidio de Lara Gutiérrez, Morena Verdi y Brenda del Castillo, ocurrido en Florencio Varela.

Pero hay que marcar una diferencia fundamental: no existe ninguna relación conocida entre aquel caso y el adolescente de Campo Quijano. El apodo es una construcción social surgida alrededor de un episodio local. No es una identificación judicial ni permite anticipar una conducta futura. Y ahí aparece uno de los mayores riesgos de este caso: convertir un episodio de violencia escolar o barrial en una etiqueta permanente para un menor. La preocupación de las familias es legítima. También lo es reclamar una respuesta concreta de la Justicia, la la escuela y los organismos de protección. Pero una cosa es exigir que un adolescente responda por sus actos y otra muy distinta es condenarlo socialmente de antemano.

La discusión ya no debería ser solamente si el arma era verdadera o de juguete. La pregunta de fondo es qué hace el Estado cuando un adolescente utiliza un elemento que parece un arma para intimidar a otros jóvenes.

Hasta ahora, hubo una denuncia, una investigación y registros de cámaras. La Justicia deberá determinar qué ocurrió y qué responsabilidad corresponde. El nuevo régimen penal juvenil justamente modifica el escenario: desde los 14 años, determinados hechos pueden generar responsabilidad penal. Pero la propia normativa establece un sistema especial que combina responsabilidad, sanción y reinserción.

Porque si efectivamente hubo amenazas contra estudiantes, no alcanza con decir que “era un arma de juguete” o que “son cosas de chicos”. El miedo que provoca una amenaza puede ser real aunque el arma no lo sea. Y ahora, con el nuevo régimen penal juvenil en vigencia, la Justicia tiene una herramienta diferente para determinar qué responsabilidad corresponde, sin olvidar que detrás del expediente también hay un adolescente cuya conducta debe ser corregida antes de que una amenaza termine convirtiéndose en algo mucho más grave.

Valle de Lerma Hoy

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