
La situación del animal ya había sido advertida en diciembre de 2025, cuando vecinos de la zona alertaron sobre su estado de abandono. En aquella oportunidad recibió asistencia transitoria, pero posteriormente volvió a desaparecer. Meses después, volvió a ser vista en condiciones mucho más críticas: extremadamente delgada, debilitada y con dificultades para mantenerse en pie. Según testigos, caminaba algunos metros y luego caía al suelo producto del agotamiento y la desnutrición.
Las imágenes difundidas por proteccionistas cómo la quijaneña Claudia Burgos generaron preocupación y movilizaron a quienes seguían el caso. El pasado 21 de junio, personal policial constató que la yegua se encontraba a la vera del camino hacia la Capilla de Río Blanco, prácticamente imposibilitada de desplazarse por sus propios medios. Ante la gravedad del cuadro, un vecino decidió resguardarla de manera voluntaria mientras se coordinaban acciones para salvarle la vida.
La intervención de la Fundación Ajuya Jalala, junto al trabajo de la abogada especializada en Derecho Animal, Carmen Céspedes, y la proteccionista Claudia, resultó fundamental para concretar el rescate. También fueron clave los avisos realizados por vecinas de la zona, quienes advirtieron sobre el deterioro progresivo del animal.
En el marco de la causa por presuntos malos tratos y abandono, el fiscal penal de Rosario de Lerma, Daniel Escalante, dispuso la entrega del equino a la fundación en guarda provisoria con el objetivo de preservar su integridad física y garantizar la atención veterinaria necesaria. La decisión judicial puso además el foco en un concepto cada vez más presente en la legislación y en la conciencia social: los animales son seres sintientes. “Quiero recalcar que el animal es un ser sintiente, sujeto de derechos”, sostuvo el fiscal al ordenar medidas de protección para la yegua.
La historia de esta yegua trasciende el rescate de un animal. Es también un llamado de atención sobre el abandono, el maltrato y la responsabilidad que implica tener un ser vivo a cargo. Porque detrás de cada caballo, perro o gato abandonado existe una historia de dolor que muchas veces permanece invisible. Y porque, como recuerdan quienes lucharon para salvarla, los animales no son cosas: sienten, sufren y merecen ser protegidos.
Valle de Lerma Hoy
