Dia Provincial de la Copla: Patrimonio que no se escribe, se hereda, se canta y se siente

Este 11 de agosto, Salta celebra el Día Provincial de la Copla, una expresión que atraviesa los cerros, los valles y los pueblos del interior y que todavía conserva, en la voz de sus copleros, la memoria de generaciones enteras. 

Hay cosas que no necesitan papel para permanecer. Hay historias que no fueron escritas en libros, pero sobrevivieron al paso del tiempo porque alguien las cantó. Una abuela se las enseñó a una hija. Un padre las compartió con sus hijos. Un coplero las llevó de pueblo en pueblo, acompañado por el sonido profundo de una caja.

Así sobrevive la copla.

Cada 11 de agosto, Salta le rinde homenaje a una de las expresiones más profundas de su identidad cultural. La fecha fue establecida por la Ley Provincial 7.683 en conmemoración del nacimiento del poeta, maestro y compositor salteño Ariel Petrocelli, nacido en Campo Santo el 11 de agosto de 1937. Pero celebrar la copla es mucho más que recordar a un poeta.

Es mirar hacia los pueblos, hacia las serranías, hacia los caminos del interior. Es escuchar lo que todavía resuena en una rueda de copleros, en una carpa, en una fiesta patronal, en un carnaval o en una reunión familiar. Porque en Salta la copla tiene territorio. Tiene la voz de Chicoana, Campo Quijano, La Silleta, La Merced, Guachipas, La Viña, San Carlos, Cafayate, Cachi, Seclantás y tantos otros pueblos donde la tradición no quedó encerrada en un museo, sino que continúa siendo cantada.

La copla tiene un carácter de saber ancestral transmitido oralmente y un aporte invaluable a la memoria colectiva. Porque la copla puede parecer pequeña: unos pocos versos, una melodía sencilla, una caja marcando el pulso. Pero detrás de esos versos puede caber un pueblo entero.

Una voz que nace en los pueblos

Hay una diferencia entre escuchar una copla y escucharla nacer en el territorio que la sostiene. Porque cuando una caja suena en un pueblo del Valle de Lerma, no suena solamente un instrumento. Suena el paisaje. Suena la memoria de quienes estuvieron antes. Suena una manera de hablar que quizás no aparece en ningún libro. Suena la voz de quienes hicieron de la palabra cantada una forma de encontrarse, de celebrar y también de contar lo que les pasa.

Que la voz no se apague

En tiempos de pantallas, algoritmos y mensajes que duran apenas unos segundos, una copla puede parecer una forma antigua de comunicarse. Pero justamente allí reside su enorme actualidad. Porque una copla obliga a escuchar. A mirar al otro. A recordar. A reconocer que antes de nosotros hubo personas que también tuvieron algo que decir y encontraron en cuatro versos y una caja una manera de dejar su huella. Por eso preservar la copla no significa simplemente conservar una tradición del pasado. Significa mantener abierta una conversación entre generaciones.

Valle de Lerma Hoy

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