
El reclamo no apunta únicamente al aumento de costos generales que atraviesa el país —alquileres cada vez más altos, tarifas de luz y servicios en permanente suba y caída del consumo— sino también a la forma en que el municipio estaría aplicando tasas, anexos e ítems comerciales. “Trabajamos todos los días para sostener nuestros negocios, pero cada vez se hace más difícil”, resumió uno de los comerciantes consultados por Valle de Lerma Hoy.
La bronca crece especialmente por el cobro de anexos comerciales que, según denuncian, se liquidan como actividades completas e independientes y no como complementos del rubro principal. Los ejemplos abundan. Un corralón asegura que debe pagar tasas diferenciadas por corralón, ferretería y pinturería. Un centro de asistencia canina afirma tributar por pet shop, forrajería y peluquería canina al mismo tiempo. Carnicerías, pollerías y comercios de embutidos aseguran atravesar situaciones similares.
“La mayoría tenemos un solo local, el mismo CUIT, el mismo domicilio y los mismos empleados. No puede ser que nos cobren cada actividad como si fueran negocios separados”, cuestionó otro comerciante. La sensación que atraviesa al sector es que no existirían criterios unificados ni reglas claras sobre cómo se determinan los montos. Algunos incluso aseguran que cuando intentan pedir explicaciones sobre el cálculo de los impuestos, las respuestas son ambiguas.
“Nos dicen que el cálculo lo hace un sistema o una computadora, pero nadie explica cuál es el porcentaje que se aplica o cómo se divide cada concepto”, sostuvo otro vecino. En medio de esta situación, comenzó a tomar fuerza la idea de conformar una comisión de comerciantes local que busque representar al sector y exigir mayor transparencia tributaria, igualdad de condiciones y criterios claros para todos los contribuyentes.
Otro de los puntos que genera fuerte enojo entre comerciantes establecidos es la realización de ferias durante los fines de semana. Según denuncian, muchos puestos venderían productos como ropa, celulares, electrodomésticos, artículos de ferretería y verdulería sin pagar impuestos ni emitir comprobantes.
“Los sábados son días perdidos para nosotros. Hay gente vendiendo gratis mientras nosotros pagamos alquiler, empleados, luz e impuestos”, expresó una comerciante. El planteo apunta directamente a lo que consideran una competencia desleal. Mientras algunos aseguran afrontar múltiples tasas y anexos, denuncian que otros vendedores trabajarían sin controles ni exigencias similares.
Incluso algunos comerciantes fueron más allá y sostuvieron que dentro del propio casco céntrico existirían diferencias en la forma de cobrar impuestos entre distintos locales. “Hay negocios a los que les cobran todo y otros que prácticamente no pagan nada”, afirmaron. En el fondo, el conflicto expone una problemática mucho más profunda: el delicado equilibrio entre la necesidad de los municipios de recaudar en tiempos de caída de coparticipación y la capacidad real del sector privado para sostenerse en una economía cada vez más asfixiante.
Porque detrás de cada tasa, cada anexo y cada impuesto, hay pequeños comerciantes que intentan mantener abiertos negocios familiares en un contexto donde vender menos y pagar más parece haberse convertido en la nueva normalidad. Y mientras el consumo cae, los costos suben y las reglas —según denuncian— no son iguales para todos, en El Carril comienza a crecer una pregunta incómoda ¿hasta cuándo podrá resistir el comercio local si las reglas del juego son estas?
Valle de Lerma Hoy
