
Jéssica viene denunciando a su expareja, Luis Alberto Acosta Pérez, desde 2019. Son más de diez denuncias por violencia física, psicológica y económica. “Recién ahora me dieron el botón antipánico. Recién ahora”, dice con la voz quebrada pero firme, mientras la Policía hace guardia frente a su casa.
Durante años soportó amenazas, difamaciones y hostigamientos. “Pintaron mi casa con insultos, colgaron pasacalles diciendo barbaridades, y ahora esto… una corona con mi nombre y la frase Q.E.P.D. en la escuela de mi hijo. Es una locura”, cuenta. Según cámaras de seguridad, su expareja fue visto en el lugar minutos antes del hallazgo, junto al vehículo de su hermana, quien también habría participado de los hostigamientos.
Tras hacerse público el caso, la fiscal penal de Cerrillos, Mónica Viazzi, intervino de oficio, ordenó una consigna policial fija en su vivienda y el análisis de las cámaras y del objeto fúnebre. Sin embargo, el barrio Los Pinares, donde Jéssica vive hace quince años, está conmocionado. “Yo solo quiero vivir tranquila, criar a mis hijos. No tengo paz, pero tengo dignidad. No me voy a dejar destruir”, concluye Jéssica, con la esperanza de que, esta vez, alguien la escuche antes de que sea demasiado tarde.
Valle de Lerma Hoy
