
Rodríguez, fallecido este martes, enfrentó al Diez en cuatro oportunidades, pero guardaba como un tesoro aquel cruce de 1981 frente al Boca de Gatti, Mousso, Perotti y el mismísimo Maradona. Con la camiseta de Instituto, logró un valioso empate ante ese equipo extraordinario que marcó época en el fútbol argentino. Sin embargo, el resultado quedó en segundo plano frente a un gesto que lo conmovió para siempre. Minutos antes del pitazo inicial, Maradona se le acercó, le extendió la mano y lo saludó con una frase que lo acompañó toda su vida.
“Hola, Maravilla. Te deseo suerte”, le dijo el Diez antes de correr hacia el círculo central. “Yo no era nadie comparado con él”, recordaba Rodríguez con humildad al evocar aquel instante. Para el querido “Maravilla”, más que un saludo fue un reconocimiento inesperado de parte del más grande. Hoy, su partida deja un vacío enorme en el fútbol regional, pero también historias que engrandecen su figura.
Valle de Lerma Hoy
