Violencia que mancha al fútbol y rompe la imagen de un pueblo supuestamente tranquilo

Lo ocurrido el domingo pasado en San Miguel, Chicoana, no es un hecho menor ni puede relativizarse como una simple “gastada del fútbol”. Las imágenes que circularon hablan por sí solas: escenas de violencia cruda, descontrol y enfrentamientos que nada tienen que ver con el deporte ni con los valores que dice defender la Liga Tabacalera.

Aún sin conocerse oficialmente las sanciones, el daño ya está hecho. No solo a los clubes involucrados, sino a toda la comunidad. San Miguel y la zona quedaron expuestos ante la opinión pública como escenario de hechos violentos que contradicen de lleno la imagen de pueblo tranquilo, familiar y futbolero que históricamente se intentó construir.

Las declaraciones del presidente de la Liga Tabacalera de Chicoana, Cristian Vázquez, reflejan el clima interno: bronca, dolor y frustración por un torneo que venía desarrollándose con normalidad y que terminó empañado por actitudes irresponsables de algunos sectores de las hinchadas. La violencia no fue espontánea ni inevitable: fue el resultado de permitir que insultos, provocaciones y amenazas se naturalicen hasta que el límite se rompe.

La consecuencia es clara y dura: partidos a puertas cerradas por pedido de la policía, posibles sanciones severas a clubes, multas económicas difíciles de sostener y el derecho de admisión para hinchas identificados en los videos, con prohibiciones que podrían extenderse por años. El fútbol castigado, los jugadores perjudicados y los verdaderos culpables arrastrando a todos al mismo abismo.

Valle de Lerma Hoy

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