
El Valle de Lerma no se inunda por sorpresa. Se inunda porque hace años que se elige no hacer nada. Cada temporal fuerte confirma lo que vecinos, y técnicos vienen advirtiendo desde hace más de una década: el colapso hídrico de la región es una crónica anunciada, escrita una y otra vez, mientras las autoridades miran para otro lado.
Desde Rosario de Lerma hasta La Merced, desde El Carril hasta Cerrillos, el escenario se repite con una precisión alarmante: calles convertidas en ríos, barrios aislados, familias evacuadas, rutas cortadas y pérdidas materiales que nadie repara. Cambian los intendentes, pasan los gobiernos provinciales, pero el agua siempre vuelve a entrar por los mismos lugares.
Se advirtió en reiteradas oportunidades: canales colmatados, ríos sin encauzar, obras hidráulicas prometidas que jamás se ejecutan y una planificación urbana inexistente. No fueron advertencias aisladas ni exageraciones alarmistas. Fueron alertas claras, basadas en datos, recorridas y testimonios de vecinos que conocen el territorio mejor que cualquier escritorio oficial. Sin embargo, nadie escuchó. O peor aún: escucharon y decidieron no actuar.
Cada temporada de lluvias expone la misma cadena de irresponsabilidades: falta de mantenimiento de canales, desidia en la limpieza de desagües, permisos para loteos en zonas inundables y una absoluta ausencia de obras estructurales. Cuando llega la tormenta, el Estado aparece tarde, con parches, con bolsas de arena, con promesas recicladas que se evaporan cuando baja el agua.
Lo más grave es que no se trata de lluvias extraordinarias. El Valle de Lerma es una cuenca conocida, estudiada y diagnosticada. Se sabe por dónde baja el agua, dónde se acumula y qué barrios quedan bajo riesgo. Mientras tanto, los vecinos pagan el costo: pierden muebles, electrodomésticos, herramientas de trabajo y, sobre todo, la tranquilidad. Viven pendientes del pronóstico del tiempo porque saben que una tormenta de 40 o 50 minutos puede arruinarles la vida.
El Valle de Lerma no necesita más relevamientos, ni más anuncios, ni más excusas climáticas. Necesita obras reales, planificación seria y decisiones políticas. Lo que hoy ocurre no es una tragedia natural: es una tragedia institucional, sostenida en el tiempo por la falta de voluntad.
Valle de Lerma Hoy
