
El objetivo es ambicioso —dos bancas en el Senado—, pero hoy por hoy es solo un deseo. El enojo social no se oculta: la gente está cansada, no le alcanza el dinero, y ve en los caudillos locales más ego que gestión. En el Valle de Lerma la situación es todavía peor: los dirigentes no se hablan, no se juntan, cada uno juega para sí. Y en esa pelea de egos, se arriesgan a perder contra un rival invisible, un fantasma que solo aparece en redes sociales pero que, por ahora, suma más de lo que resta.
La política local parece no entender un dato básico: la gente no come fotos, come con dinero… y la plata no está llegando. Esa bronca es la que golpea más fuerte, incluso a quienes creían tener el territorio bajo control. Lo más inquietante es que el 26 de octubre no es el final, sino apenas la primera vuelta de un partido largo. Porque al día siguiente comienza la carrera hacia el 2027, y muchos intendentes y legisladores del valle ya sienten que tienen muy poco para mostrar: sin obras, sin comunicación efectiva y con el ego como bandera, se encaminan directo al abismo electoral.
La advertencia no podría ser más clara: si no se juntan, pierden ahora… y lo que viene después puede ser todavía peor.
Valle de Lerma Hoy
