
El femicidio de Cuca Vilte en La Silleta no solo conmocionó al Valle de Lerma por la extrema violencia del crimen, sino que también volvió a poner en debate qué ocurre cuando una persona con un largo historial de agresiones continúa en libertad. La investigación busca determinar si existieron episodios previos de violencia que nunca fueron denunciados y que pudieron haber anticipado el fatal desenlace.
José Luis Gareca permanece detenido e imputado por el crimen de la mujer de 55 años. De acuerdo con los registros policiales, el acusado figura en las bases de datos de la Unidad de Análisis Criminal.
Según informó anteriormente Valle de Lerma Hoy, Gareca acumulaba antecedentes por amenazas, lesiones, coacción, robos, hechos reiterados de violencia familiar y denuncias por violencia de género contra una expareja e incluso conflictos con integrantes de su familia cuando residía en Orán.
La investigación sostiene que Cuca Vilte fue atacada con alrededor de 40 machetazos, un nivel de violencia que refleja la brutalidad del hecho y que conmocionó a toda la comunidad de La Silleta y La Merced.
Ahora los investigadores intentan establecer si existieron episodios previos de violencia dentro de la relación que nunca llegaron a la Justicia. Esa información será clave para reconstruir el contexto en el que ocurrió el femicidio.
Cada femicidio deja una pregunta que duele: ¿podría haberse evitado? Especialistas sostienen que la mayoría de estos crímenes están precedidos por amenazas, agresiones físicas, violencia psicológica, aislamiento o denuncias anteriores. Cuando esas señales no son advertidas, minimizadas o nunca denunciadas, el riesgo para la víctima aumenta considerablemente.
El femicidio de Cuca Vilte debe servir como un llamado de atención. La violencia de género no comienza con un asesinato; comienza mucho antes. Detectar esas señales, denunciar y brindar protección puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Valle de Lerma Hoy

