
Frente a esta realidad, la reflexión debe ser colectiva. Urge tomar conciencia como sociedad y abandonar prácticas que generan sufrimiento evitable. Pero también es necesario interpelar a los dueños de mascotas; si sabemos que el 31 de diciembre habrá explosiones, no podemos mirar para otro lado. Dejar a los animales solos, sin contención o en espacios inseguros, es exponerlos al miedo y a la fuga.
Tampoco es una solución medicarlos,las pastillas sedantes no anulan el sonido, solo inmovilizan al animal, aumentando el riesgo de ataques cardíacos por estrés. Cuidar a una mascota implica responsabilidad, previsión y empatía. Evitar otra madrugada de animales asustados y perdidos lejos de sus casas depende de todos.
Valle de Lerma Hoy
