Las fiestas del 24 y 25 de diciembre dejaron una postal repetida y dolorosa en todo el Valle de Lerma. Decenas de mascotas perdidas y redes sociales colmadas de pedidos desesperados para reencontrarlos con sus familias. El detonante volvió a ser el mismo de cada año, la pirotecnia sonora, que provoca pánico extremo no solo en los animales, sino también en adultos mayores, niños y personas con hipersensibilidad auditiva.  

Frente a esta realidad, la reflexión debe ser colectiva. Urge tomar conciencia como sociedad y abandonar prácticas que generan sufrimiento evitable. Pero también es necesario interpelar a los dueños de mascotas; si sabemos que el 31 de diciembre habrá explosiones, no podemos mirar para otro lado. Dejar a los animales solos, sin contención o en espacios inseguros, es exponerlos al miedo y a la fuga. 

Tampoco es una solución medicarlos,las pastillas sedantes no anulan el sonido, solo inmovilizan al animal, aumentando el riesgo de ataques cardíacos por estrés. Cuidar a una mascota implica responsabilidad, previsión y empatía. Evitar otra madrugada de animales asustados y perdidos lejos de sus casas depende de todos.

Valle de Lerma Hoy 

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