
Décadas después, según informó El Tribuno de Salta, ya jubilado, decidió recrear aquella nave en su hogar como escultura permanente: una estructura de hierro con luces y humo, que simula un verdadero despegue. La obra sorprende a vecinos y turistas, y refleja la pasión incansable de Severiano por seguir creando.
Su talento también está presente en los faroles de las calles y las arañas de la iglesia de Chicoana. Hoy, acompañado por su familia, sigue soñando con una versión aún más grande del cohete. Su historia, más allá del arte, es una metáfora de cómo la imaginación puede transformar lo cotidiano y convertirlo en legado. En tiempos de rapidez e inmediatez, él es un recordatorio de que la pasión, cuando se enciende, no tiene edad ni límites.
Valle de Lerma Hoy
