
Desde la institución explicaron que, frente a la imposibilidad de utilizar esos espacios, el equipo directivo debió reorganizar el funcionamiento de la escuela. Actualmente, algunos estudiantes reciben clases en habitaciones adaptadas de una vivienda perteneciente al cuidador del establecimiento, mientras que otros cursos comparten la biblioteca en jornadas donde dos grados conviven en un mismo ambiente.
Como alternativa transitoria, se instalarán dos aulas emergentes construidas con casillas de madera, un proyecto impulsado en conjunto entre la escuela y el municipio, mientras que la cooperadora escolar colaborará con la construcción de los sanitarios. Sin embargo,¿hasta cuándo las soluciones provisorias reemplazarán a las obras definitivas?
La necesidad de una reestructuración integral del edificio no es nueva. Desde hace varios años, docentes, directivos y familias vienen reclamando la construcción de aulas seguras y en condiciones para cientos de niños. No obstante, el problema continúa sin una respuesta estructural por parte de los distintos niveles del Estado.
En una región como el Valle de Lerma, donde las altas temperaturas del verano, el frío intenso en invierno, el viento zonda, las intensas lluvias y las tormentas forman parte del clima habitual, la instalación de aulas de madera para que niños de entre 6 a 12 años aprendan, aunque sea de forma temporal, cuando menos llama la atención.
Mientras la cooperadora de padres vuelve a convertirse en un actor clave para financiar obras tan básicas como los baños, persiste la expectativa de que funcionarios municipales, legisladores provinciales y organismos competentes del Ministerio de Educación logren avanzar en las gestiones necesarias para concretar una infraestructura escolar acorde a las necesidades de los chicos y docentes. Porque el problema no es la casilla de madera, sino las soluciones improvisadas con las que desde hace años se les responde a los chicos de la Pacheco de Melo.
Valle de Lerma Hoy

