
La discusión no es menor. Mientras miles de estudiantes en todo el país terminan la escuela sin una capacitación específica para incorporarse al mundo laboral, las instituciones técnicas ofrecen una doble oportunidad: la posibilidad de continuar estudios superiores y, al mismo tiempo, acceder a una formación profesional que permite una inserción laboral más rápida.
“Las escuelas técnicas ya tienen la formación secundaria; lo que hacen es agregar la posibilidad de una salida laboral inmediata. Un chico que egresa de una técnica tiene una formación mucho más completa e integral. Creemos que siempre una familia va a buscar primero la posibilidad de que su hijo tenga el valor técnico; después podrá ser abogado, médico o ingeniero, pero primero debe ser técnico”, sostuvo Sangari.
La reflexión adquiere especial relevancia en Campo Quijano y toda Salta, donde el crecimiento de la minería y de las actividades industriales asociadas generó una demanda creciente de mano de obra calificada. Para el directivo, la ubicación estratégica de la localidad convierte a la educación técnica en una herramienta clave para el desarrollo económico de la zona.
“Somos estratégicamente el lugar más cercano al foco industrial más importante que tiene hoy la provincia, que es la minería. Un chico que termina la secundaria en este pueblo y cuenta con formación técnica encuentra oportunidades concretas de empleo sin necesidad de emigrar”, explicó.
La doble escolaridad, característica de estas instituciones, implica una formación más extensa y exigente, pero también una preparación más sólida para enfrentar los desafíos del presente. Los estudiantes no sólo adquieren conocimientos generales, sino también competencias específicas vinculadas a electricidad, mecánica, electromecánica, construcciones, informática y otras especialidades altamente demandadas.
Para Sangari, el impacto de las escuelas técnicas trasciende el ámbito educativo y se proyecta directamente sobre la economía local. “Si en una comunidad de alrededor de siete mil habitantes logramos formar entre 80 y 90 técnicos por año, estamos incorporando al mercado una cantidad enorme de recursos humanos capacitados. Eso tiene la capacidad de cambiar la economía del lugar, y no dentro de diez o veinte años, sino de manera inmediata”, afirmó.
Durante décadas, distintos especialistas en educación sostuvieron que la enseñanza secundaria debía acercarse más al mundo del trabajo. En ese escenario, las escuelas técnicas aparecen como uno de los modelos que mejor logran combinar formación académica, desarrollo de habilidades prácticas y oportunidades de empleo.
Mientras la minería, la industria y los servicios especializados continúan expandiéndose en la provincia, la demanda de técnicos sigue creciendo. En ese contexto, las palabras del director de la Escuela Técnica de Campo Quijano reflejan una discusión cada vez más presente en el sistema educativo: cómo formar a los jóvenes para un futuro donde el conocimiento técnico, la innovación y la capacidad de adaptación serán tan importantes como cualquier título universitario.
Para muchos educadores, la educación debe ser transformadora. Y en regiones productivas como el Valle de Lerma y la Puna salteña, las escuelas técnicas parecen estar cada vez más cerca de cumplir ese objetivo.
Valle de Lerma Hoy
