Crimen de Majo Cabrera: Lágrimas, furia y sensación de impunidad tras el veredicto

El fallo por el crimen de María José “Majo” Cabrera no sólo dejó una condena judicial. También dejó una herida social, una sensación de impunidad y un mensaje peligroso que volvió a poner bajo la lupa a la Justicia salteña. Porque cuando gran parte de la sociedad esperaba una sentencia ejemplificadora, el tribunal terminó descartando la alevosía, evitando la perpetua y absolviendo a uno de los acusados.

La fiscalía sostuvo durante todo el juicio que existieron elementos suficientes para encuadrar el hecho como un homicidio agravado por alevosía. No era un detalle menor. Jurídicamente, la alevosía implica intención, planificación y una acción ejecutada aprovechando la indefensión de la víctima. Es decir, un crimen agravado por su brutalidad y por la imposibilidad de defensa de quien termina muerta.

Sin embargo, el tribunal optó por una figura mucho menor. La perpetua desapareció del escenario y la pena quedó reducida a 18 años, una condena que para la familia de Majo resulta irrisoria frente a la gravedad del caso y al impacto social que tuvo el crimen ocurrido en Campo Quijano.

El otro punto que profundizó el enojo fue la absolución lisa y llana de Ramiro López. La fiscal había pedido 10 años de prisión efectiva como partícipe secundario, pero el tribunal entendió que no existían elementos suficientes para condenarlo. Minutos después del fallo recuperó la libertad, algo que generó escenas de furia, llanto y desesperación tanto dentro como fuera de la sala.

Detrás de la bronca aparece además una discusión mucho más profunda: la confianza en la Justicia. Para la familia Cabrera, el fallo no sólo benefició a los acusados, sino que expuso nuevamente una estructura judicial que, según denuncian, termina favoreciendo a quienes tienen influencia política, económica o poder dentro del sistema.

La frase de Alicia Zárate fue brutal pero también reveladora del clima social que dejó la sentencia: “Ganó el poder”. No habló solamente desde el dolor de una hermana. Habló desde la desconfianza acumulada de una parte de la sociedad que siente que las condenas ejemplares rara vez llegan cuando hay apellidos pesados, vínculos o estructuras detrás.

Valle de Lerma Hoy

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