
Lo que ocurrió en estas últimas elecciones de autoridades de los concejos deliberantes en gran parte del Valle de Lerma y de la provincia de Salta dejó al descubierto, una vez más, que los principios en política son apenas un accesorio descartable. Apenas se abrieron las negociaciones por las presidencias, que ahora duran cuatro años, pero mantienen renovaciones cada dos o un año, comenzó el desfile habitual: acuerdos de madrugada, alianzas contra natura y un menú variado de oportunismos.
En la mayoría de los municipios, el reparto del poder dejó dos ganadores claros: la Libertad Avanza, o mejor dicho, los que se disfrazan de libertarios y, en segundo plano, el peronismo local en todas sus versiones: oficialista, territorial o simplemente sobreviviente. Muy atrás quedó un kirchnerismo menguante, sostenido solo por algunos dirigentes que hasta hace unos años se jactaban de su “lealtad” pero que, sin fondos nacionales que los abriguen, comenzaron a abandonar la camiseta como quien abandona un barco que hace agua.
Lo más llamativo no fue el resultado, sino la sociedad improvisada entre la Libertad Avanza y lo que queda del kirchnerismo, una alianza que en cualquier manual ideológico sería catalogada como absurda. Pero hablamos de política salteña, donde lo ilógico suele ser lo más realista.
Referentes libertarios de la primera hora, no a los recién llegados que se cuelgan del gobierno nacional para sacar provecho, y entre risas admiten que muchos “kirchneristas en retirada” están buscando refugio donde sea. El peronismo oficialista ya no los cobija; entonces prueban suerte bajo el paraguas libertario, donde algunos pícaros ya ocupan sillas sin haber pasado el filtro de las convicciones.
Porque hay que decirlo sin vueltas: la Libertad Avanza también tiene su propia “casta”. Gente pegada al poder, que habla de meritocracia mientras reparte cargos, que jura pureza ideológica mientras negocia con los mismos de siempre para asegurarse una banca, una presidencia o una cuota de presupuesto.
El mapa del Valle de Lerma lo demuestra:
- En Campo Quijano, un libertario quedó al frente del Concejo.
- En Rosario de Lerma, un oficialista-peronista con pasado kirchnerista se sostuvo gracias a los votos libertarios.
- En Cerrillos y otros municipios se repitió el mismo esquema: conveniencias que se reciclan sin vergüenza.
La única excepción digna de mención ocurrió en Tartagal, donde los libertarios prefirieron levantarse de la jura antes que pactar con el peronismo. Paradójico que, en un mapa lleno de acuerdos oportunistas, la coherencia haya aparecido en el Norte.
Mientras tanto, los restos del kirchnerismo sobreviven pegados a cualquier estructura que les garantice un lugar. Son dirigentes que ayer vitoreaban a Cristina y hoy, sin ruborizarse, elogian a Milei. No es incoherencia: es supervivencia. En Salta, como en la Argentina, la brújula política no apunta a las ideas, sino al calor del poder.
Valle de Lerma Hoy
