Pacuy, la revancha: La historia de dos salteños frente al gigante de piedra

En nuestra Quebrada del Toro, donde el aire se vuelve fino y el silencio abraza cada paso, una historia de perseverancia volvió a escribir su propio destino. Gustavo Javier Liendro, amante del trekking, la aventura y la inmensidad de los cerros, compartió con Valle de Lerma Hoy una experiencia que no solo habla de montañas, sino de voluntad.

Todo comenzó en agosto, cuando él y su equipo intentaron alcanzar la cumbre del cerro Pacuy de unos poquísimos 4200 msnm, frente al Bayo. Aquella primera expedición terminó en fracaso. La falta de organización, una preparación física incompleta y un cuadro de influenza que lo afectó días antes, obligaron a abandonar el objetivo. Pero la montaña no se olvida fácil.

La revancha llegó el domingo 9 de noviembre. A las 04:10 de la madrugada, en la absoluta oscuridad, Gustavo y Nicolás Liendro iniciaron la travesía desde la estación Chorrillos. Con un equipo básico, pero con la mochila cargada de fe y ambición de aventura, comenzaron a escribir su segunda oportunidad.

El ascenso fue exigente: 14 kilómetros de subida constante, pendientes severas y sectores de puna que castigaban los pulmones y el ritmo. El clima, sin embargo, parecía pactado con los aventureros: cielo despejado, las nubes tendidas bajo sus pies y una temperatura ideal. Cada hora, una pausa de apenas cinco minutos para hidratarse. Todo parecía alinearse con un mismo destino: la cumbre. A las 11:49 de la mañana, luego de un desgaste físico extremo, apareció a lo lejos la señal tan esperada, una apacheta de piedras con una cruz, tallada con una frase que parecía hablarle directamente al alma: “EL AMOR NO SE EXIGE, SE DA”. Allí, a 4.200 metros sobre el nivel del mar, se concretaba un sueño largamente anhelado por Gustavo y su compañero.

Pero la montaña no se conquista solo con voluntad. La expedición completa implica 28 kilómetros entre ida y vuelta, con un desnivel acumulado de 2.200 metros, un esfuerzo equivalente a “subir diez veces el cerro San Bernardo” cuenta Gustavo . Para lograrlo, se requiere preparación física sólida, calzado apto para terreno agreste, al menos tres litros de agua por persona, protector solar, alimentos ricos en proteínas, baterías portátiles y un buen sistema de posicionamiento GPS.

Ya en la altura, comprendieron por qué muchos montañistas eligen hacer esta ruta en dos días, acampando en el kilómetro 7. Y también entendieron por qué algunos se pierden cuando intentan hacerlo en una sola jornada: la orientación se vuelve frágil, el cansancio nubla la mente y el GPS se convierte en una herramienta vital. Pero el verdadero enemigo no fue la subida, cuenta Gustavo, sino el descenso. Allí, cuando las piernas tiemblan, el cansancio se acumula y la concentración es vital, es donde la montaña muestra su rostro más duro.

Gustavo Liendro y Nicolás Olmos lograron lo que parecía imposible. Con coraje, empeño y dedicación, demostraron que los límites muchas veces son solo una idea. Y dejaron un mensaje para quienes sueñan con seguir sus pasos: “que nunca falten la preparación, la humildad y el respeto por la montaña”.

Valle de Lerma Hoy

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