
Entre las tomas preferidas para las fotografías es el fenómeno del “mar de nubes”, que se forma al amanecer en la Quebrada de Escoipe, convierte a la Cuesta en un mirador natural único. Desde arriba, las montañas parecen flotar sobre un océano blanco, una postal imposible de ignorar.
A eso se suma la luz: mañanas que encienden los cerros desde el este y atardeceres que revelan cada pliegue del relieve. En pocos kilómetros, el paisaje cambia de selva a puna y anticipa la entrada al Parque Nacional Los Cardones.
Para los salteños, la Cuesta es más que un camino: es memoria, un punto de encuentro entre el Valle de Lerma y los pueblos de los Valles Calchaquíes. Por eso, aunque uno la conozca, siempre vuelve a sacarle una foto. Porque la montaña nunca se repite.
Valle de Lerma Hoy
