
Cuando llegaron al proyecto Delta Center, en pleno Nordelta, descubrieron el verdadero plan: eran mano de obra descartable, alojada en un subsuelo sin ventilación, con camas improvisadas sobre tachos de pintura, un solo baño químico para 40 personas y jornadas de trabajo que rozaban la esclavitud moderna.
Pero la historia va más allá del abuso laboral. La investigación judicial reveló que detrás de la obra había empresarios vinculados a una red de lavado de dinero y narcotráfico comandada por figuras como Antonio Yepes Gaviria, un nombre que hace ruido en expedientes federales. Los salteños no estaban alojados en un simple “campamento obrero”: estaban en el corazón logístico de una estructura criminal.
La Justicia federal allanó el lugar el 2 de diciembre de 2024. Encontraron lo que todos sospechaban y nadie quería admitir: armas, documentación apócrifa, millones en efectivo y un grupo de trabajadores reducidos a la mínima expresión humana. Entre ellos, los dos rosarinos.
Sajama fue detenido como si fuera parte de la organización. “Yo solo vine a trabajar”, repitió una y otra vez. Pasó meses tratando de explicar que él y sus compañeros eran víctimas, no engranajes del delito.
Quipildor no cayó preso, pero también quedó marcado en la causa como si fuera un colaborador. “Nos usaron. Y cuando explotó todo, nos tiraron como basura”, dijo. Hoy ambos pelean por algo tan básico como urgente: que la Justicia los reconozca como víctimas de trata laboral. Reclaman salarios, horas extras jamás pagadas, indemnización y una reparación moral que, aunque insuficiente, podría ser el principio de algo parecido a la justicia. Quién es Yepes Gaviria, el nombre que vuelve a aparecer
Las empresas, mientras tanto, insisten en que el caso debe resolverse en Buenos Aires. Los abogados de los salteños sostienen lo contrario: el engaño empezó acá, en Rosario de Lerma. Acá les prometieron un trabajo, acá los captaron y desde acá los enviaron al infierno.
Valle de Lerma Hoy
