
La historia comenzó en 2008, cuando diez trabajadores del campamento minero decidieron caminar desde más de 4 mil metros de altura, atravesando la Puna, hasta el corazón de Salta. Con ellos llevaban lo poco que tenían, pero sobre todo un fervor inmenso. Dalmiro López, minero de Campo Quijano, recuerda que todo nació por un reto. Un compañero, apodado el “Loco Díaz”, se había animado a salir en bicicleta desde la mina hasta la ciudad. “Nos preguntamos: ¿y por qué no caminamos nosotros también?”, relató.
Fue el 8 de septiembre de aquel año cuando emprendieron el viaje con una imagen de la Virgen. Creían que era la del Valle, pero al llegar a Quijano descubrieron que era la del Milagro. Para ellos, una señal. El camino no fue fácil. Frío intenso, viento en contra y distancias de hasta 60 kilómetros diarios ponían a prueba su resistencia. Sin embargo, en cada pueblo alguien los esperaba con pan, agua o un mate cocido. Esa solidaridad también era parte del milagro.
Lo que nació con apenas diez mineros pronto conmovió a toda la puna. Comunidades enteras se fueron sumando y la travesía se volvió tradición. Hoy, cientos de peregrinos caminan los 260 kilómetros cargados de fe, orgullo y esperanza. “Ya no somos 10”, dice con emoción Dalmiro. “Somos muchos más. Esta locura de mineros se transformó en un camino sagrado, la travesura más linda de mi vida”.
Valle de Lerma Hoy
