

Hoy, una nueva víctima, Sara, rompió el silencio y aseguró que fue abusada desde su adolescencia en nombre de Dios. Producto de esos abusos, tuvo dos hijas que hoy tienen 16 y 14 años. Su relato describe un patrón de violencia sistemática y manipulación que también habría alcanzado a otras mujeres. Sara denunció que los hijos de Serrano la hostigan e intimidan desde que se animó a hablar, y que incluso su hermana menor desapareció temporalmente, reapareciendo luego bajo evidente control psicológico. “Ella repite lo que él dice. Está manipulada”, contó su hermano Juan.

El testimonio de Sara incluye episodios ocurridos en San Luis, donde Serrano habría instalado otro templo. Allí relató haber sido golpeada y retenida contra su voluntad durante una semana con su bebé de 2 años. “Me decía que debía arrepentirme de mis pecados. Usaba el miedo y el nombre de Dios como castigo”, relató con angustia. Las denuncias también mencionan a otras jóvenes sometidas en Rosario de Lerma, Salta capital y Rosario de la Frontera. En algunos casos, las víctimas quedaron embarazadas sin que Serrano reconociera la paternidad.
La situación actual vuelve a exponer una grave deuda judicial; a pesar de múltiples denuncias desde 2004, los expedientes parecen haber quedado “cajoneados”. “Ratifiqué la denuncia en junio, pero nunca más me llamaron. Es como si no existiera”, lamentó Sara. Mientras tanto, Serrano continúa liderando templos en Salta y San Luis, protegido por un círculo de fieles que, según las víctimas, lo encubre. “La gente está manipulada, no puede ver la realidad”, advirtió Juan. Para las denunciantes, la sensación es asfixiante, dos décadas después, los abusos se repiten, las víctimas siguen hablando, pero la Justicia permanece en silencio.
Valle de Lerma Hoy
