Campo Quijano: Las zorras a vela que desafiaron a la cordillera en los orígenes del Ramal C-14

Antes de que los colosales viaductos de acero quedaran fijados en las rocas y el silbato de la locomotora retumbara por primera vez en la Quebrada del Toro, el trazado del emblemático Ramal C-14 dependió del esfuerzo humano, de la astucia técnica y de un aliado impensado: el propio viento andino.

Una serie de registros fotográficos históricos de la década de 1920 rescata una de las postales más singulares de aquella gesta ferroviaria: la utilización de zorras de vía a vela. Estos primitivos vehículos de inspección, montados sobre cuatro ruedas de hierro y equipados con rudimentarios mástiles de lona, permitieron a los ingenieros y capataces desplazarse a lo largo de los rieles que comenzaban a tenderse desde la estación de Campo Quijano hacia la alta Puna.

La física del viento al servicio del progreso

Con el inicio de las obras en 1921 bajo la dirección del renombrado ingeniero Richard Fontan Maury, Quijano se transformó en el portal de entrada y centro operativo de la monumental empresa. Hacia arriba, el terreno imponía pendientes pronunciadas y un clima implacable. Para recorrer los tramos en exploración, supervisar los campamentos de peones y transportar herramental sin el desgaste físico que exigían las zorras manuales a palanca, el personal aprovechó los intensos vientos catabáticos que descienden por los encajonados del Toro.

Improvisadas con velas similares a las de las embarcaciones, estas zorras aprovechaban las ráfagas para impulsar a técnicos y agrimensores vestidor con el rigor de la época —sacos de paño, sombreros de ala y gorras— a lo largo de un paisaje árido que recién empezaba a convivir con las paralelas de acero.

El cimiento de una hazaña colectiva

El uso de la fuerza eólica en los rieles fue solo una de las tantas soluciones artesanales que precedieron a la masificación de los vehículos a motor y las pesadas autovías. En esos primeros kilómetros que parten de la “Portal de los Andes”, la combinación de astucia criolla e ingeniería internacional sentó las bases de lo que años más tarde se consolidaría como una de las obras de infraestructura ferroviaria más audaces del planeta.

Hoy, a más de un siglo de aquellos primeros trazados, Valle de Lerma Hoy trae a la memoria visual de las zorras a vela nos recuerda que antes de la llegada de las grandes locomotoras, la Quebrada del Toro fue conquistada por hombres que supieron poner hasta el viento a favor del trabajo y la historia salteña.

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