
Un descuido mínimo, un segundo de distracción y un final que, por fortuna, quedó solo en anécdota. El episodio ocurrió este sábado alrededor de las 17:30 en Rosario de Lerma, sobre calle Ingeniero Maury, donde un automóvil terminó su recorrido de la manera menos pensada: incrustado contra un paredón.
Según las primeras informaciones, el conductor no se encontraba bajo los efectos del alcohol. La escena, lejos de los habituales excesos o imprudencias temerarias, tuvo un detonante mucho más doméstico: intentar apagar el aire de la calefacción mientras manejaba. Una maniobra tan cotidiana como peligrosa.
En ese breve instante en el que la atención dejó el camino para posarse en un botón, el vehículo mordió el cordón cuneta y se desvió sin escalas hacia el impacto. El resultado fue un “valontazo” seco contra la estructura, que dejó daños materiales tanto en el rodado como en el paredón, pero sin víctimas que lamentar.
El hecho, que podría arrancar más de una sonrisa por lo insólito de su causa, también vuelve a poner sobre la mesa una verdad incómoda: no hace falta exceso de velocidad ni alcohol para protagonizar un siniestro vial. A veces, alcanza con un segundo de distracción.
Valle de Lerma Hoy
