
Con el paso del tiempo, el lugar se transformó en refugio improvisado para personas alcoholizadas y parejas. Sin embargo, en los últimos años todo empeoró para los vecinos. Hubo intentos de usurpación, primero por una vendedora ambulante y luego por un grupo itinerante que permaneció durante semanas, generando constantes quejas vecinales por gritos, discusiones y olores nauseabundos.
El episodio más tenso ocurrió el sábado, cuando Néstor, un vecino del lugar, pidió que se retiraran mientras su madre, su hermana y su sobrino ingresaban a la vivienda. La respuesta fue una amenaza directa: “¿Vas a llamar a la Policía? Lo arreglamos mano a mano”, le gritaba el hombre, invitándolo a pelear en plena vereda y sin remera, ante la mirada de familiares mientras todo era captado por las cámaras de seguridad.



La escena se extendió durante varios minutos, con gritos y provocaciones, hasta que el sujeto regresó a la estructura ocupada. Para los vecinos, la situación dejó de ser una molestia y se convirtió en un riesgo concreto, porque la antigua garita —que nunca fue oficina de turismo ni demolida— permanece como tierra de nadie en pleno casco urbano. Las familias que viven en la cuadra evitan circular por la zona y necesitan una solución urgente antes de que el conflicto escale aún más.
Valle de Lerma Hoy
