
Era un sábado de fines de marzo del año 2.018, cuando Diego Armando Pastrana (bautizado así en homenaje a Maradona) emprendió un viaje en solitario por la Quebrada del Toro. Con su moto serpenteando los caminos de altura y su cámara lista en el bolsillo, el camarógrafo oriundo de Rosario de Lerma se tomaba el día para hacer lo que más le gusta: capturar paisajes. El verde intenso de la vegetación, las montañas acariciadas por nubes blancas y el imponente viaducto por donde solía pasar el mítico Tren a las Nubes, componían el telón de fondo perfecto.
“No había nada… nada que pudiera explicar ese resplandor”, recuerda Diego. La escena quedó ahí, como una duda que lo acompañaría de regreso a casa. Horas más tarde, ya frente a su computadora, empezó a repasar las fotos de la jornada. Y fue entonces cuando lo inexplicable se reveló. En una imagen panorámica del viaducto de El Toro, justo sobre la segunda columna de ese centenario puente ferroviario, flotaba un objeto grisáceo, de forma ovalada, suspendido en el cielo como si siempre hubiera estado ahí, aguardando ser descubierto.
“Sentí un escalofrío”, dice. Al hacer zoom, la forma se volvió clara. Un cuerpo cilíndrico, con una tenue sombra en su base, parecía surcar los aires a una altura superior a los 23 metros del viaducto. Y lo más inquietante: solo una imagen logró capturar ese instante. Una sola.
Hoy, esa fotografía será analizada por expertos en un Congreso Internacional de Ufología en Salta capital. Pero para Diego, ya no hay dudas. En esa soledad de la Quebrada, mientras el mundo seguía ajeno, algo —o alguien— se mostró ante sus ojos, aunque solo fuera por un parpadeo de luz.
Valle de Lerma Hoy
