En estos tiempos, Argentina enfrenta la mayor epidemia de dengue de su historia. Los vecinos reclaman por campañas masivas de fumigación, pero las autoridades sanitarias advierten sobre una realidad : no todos los mosquitos son iguales.
El mosquito del dengue, conocido como “mosquito mascota”, es el verdadero culpable. Este insidioso insecto acecha en nuestros hogares y sus alrededores. Sin embargo, aquellos molestos zancudos que vemos en plazas, alrededor de lagos o charcos de agua no son los transmisores de la enfermedad. Aunque piquen y causen ronchas, no portan el dengue.
La clave está en la fumigación domiciliaria. No basta con rociar los espacios públicos, ya que esto brinda una falsa sensación de seguridad sin atacar al verdadero enemigo, además de afectar a otras especies (libélulas, sapos, pájaros) que son controladores naturales del mosquito. El foco debe estar en los domicilios y, especialmente, en los lugares donde hay enfermos de dengue. Es lo que se llama“bloqueo de casos”.
Cuando alguien tiene la enfermedad en la sangre, el mosquito no debe picar. De lo contrario, se convertirá en un portador y propagará el virus. Allí, donde se acumula agua en botellas, cubiertas y cacharros, es donde se debe concentrar esfuerzos para combatir al mosquito.
Valle de Lerma Hoy