
El propietario reconoció que se trataba de animales muertos por causas naturales, propios del desgaste de la producción tambera. Sin embargo, la práctica de acumular cadáveres a campo abierto, para el 2025 ya no es la más apropiada. El fiscal dispuso el entierro de los restos en una fosa habilitada, medida que se cumplió ese mismo día. En paralelo, dio intervención a SENASA y al área de Zoonosis, cuyos técnicos confirmaron la correcta disposición final y descartaron la presencia de focos infecciosos.
Las pericias revelaron que la mortandad de 15 vacunos sobre 800 cabezas no supera los índices habituales en el sector productivo. Pero la postal del hallazgo abrió un debate más profundo: en el Valle de Lerma, lo urbano y lo rural conviven cada vez más cerca, y costumbres del campo que antes pasaban inadvertidas hoy generan inquietud pública. Por ello, el fiscal ordenó controles quincenales para garantizar que la situación no se repita. El productor quedó notificado sobre la obligación de modificar sus prácticas de manejo de animales muertos.
Valle de Lerma Hoy
