
Los últimos sondeos muestran a La Libertad Avanza con una intención de voto cercana al 40%, lo que la ubica en una posición privilegiada rumbo a octubre, cuando se elegirán legisladores nacionales. Detrás aparecen Juan Manuel Urtubey con alrededor del 20% y Flavia Royón con un 18%, aunque los especialistas advierten que la exfuncionaria podría crecer con fuerza gracias al respaldo de los intendentes, un factor que suele inclinar la balanza en el área metropolitana.
El efecto Buenos Aires puede funcionar como un cimbronazo, pero difícilmente modifique de raíz la lógica salteña. Aquí la elección se jugará en tres planos: la capacidad de los intendentes para movilizar votantes, la gestión provincial y, sobre todo, la situación económica cotidiana de la gente. En un contexto de inflación persistente, pérdida de poder adquisitivo y malestar por las jubilaciones y pensiones recortadas, cada familia hará su propio balance antes de votar.
La comparación con la batalla de Gaugamela no es casual. Así como Alejandro Magno venció al imperio persa a pesar de estar en desventaja, lo que ocurra en octubre en Salta puede redefinir fuerzas más allá de los números actuales. La Libertad Avanza parte con ventaja, pero su desempeño dependerá de si logra sostener la expectativa frente a una economía que aprieta cada vez más. Urtubey y Royón, en cambio, apuestan a capitalizar el descontento y alinear apoyos territoriales para acercarse a la pelea.
Lo que está en juego en octubre no son solo bancas legislativas, sino la forma en que los salteños evalúan la gestión nacional y provincial. Y en esa evaluación, más que el efecto arrastre de Buenos Aires, pesará la cuenta del supermercado, el recibo de sueldo y la continuidad de los beneficios sociales. El voto, en definitiva, será una traducción política de la economía doméstica.
Valle de Lerma Hoy
