
Los intendentes salteños volvieron a advertir que no podrán pagar el aguinaldo sin auxilio financiero de la Provincia. No es la primera vez que lo hacen ni será la última. El libreto se repite: culpan al contexto nacional, a la caída de la coparticipación y a la crisis social. Sin embargo, los atrasos en el pago de sueldos y aguinaldos en municipios mal administrados no nacieron este año: vienen acumulándose desde hace tiempo, producto de gestiones sin planificación ni control.
Desde el Foro de Intendentes reconocen que la situación fue “bastante crítica” durante todo el año. Alegan una merma cercana al 20% en la coparticipación, un aumento salarial del 23%, subas en combustibles, repuestos y gastos corrientes, además de una creciente demanda social. Todo eso es real. Lo que no aparece en el balance es la gestión: no hay obras visibles, no hay políticas de desarrollo, no hay administración eficiente. Solo hay excusas.
Lo más grave es que varios municipios ya arrastran adelantos de coparticipación equivalentes a tres, cuatro y hasta cinco meses. Por ejemplo en el Valle de Lerma algunas comunas deben hasta el “saludo” a la provincia. Antes se pedía uno; hoy se vive hipotecando el futuro. Esos fondos deben devolverse a la Provincia, lo que deja a los municipios atrapados en un círculo vicioso de endeudamiento, emergencia permanente y parálisis total.
Mientras tanto, los municipios con mejores ingresos por coparticipación siguen siendo La Merced, Chicoana, Coronel Moldes y Campo Quijano. El resto queda muy por debajo. El caso de Rosario de Lerma resulta escandaloso: pese a su cantidad de habitantes, sigue ubicado entre los últimos tres de toda la provincia en ingresos por coparticipación, una anomalía que solo se explica por años de desmanejo y falta de gestión. La crisis existe, pero no explica todo. Cuando no hay obras, no hay planificación y no hay resultados, el problema deja de ser el país y pasa a ser quién gobierna y cómo lo hace.
Valle de Lerma Hoy
