
Pero la historia no termina ahí: el pillo, con espíritu de comerciante, intentó vender los objetos sagrados a otro feligrés de la misma parroquia. El comprador, al darse cuenta del sacrilegio, no dudó en llamar a la policía. Fue así que se descubrió que el sospechoso no solo había desvalijado la parroquia días atrás, llevándose parlantes, micrófonos y hasta la plancha del cura, sino que también tenía antecedentes de andar “de compras” en domicilios ajenos.
El sujeto, de apenas 25 años, habría ingresado forzando un candado por la parte trasera del templo. Aunque fue detenido, se sospecha que no actuó solo, sino que tuvo la ayuda de un cómplice igual de desfachatado. Mientras tanto, en el pueblo todavía no salen del asombro: no todos los días un cura queda desprovisto de espejo y plancha por culpa de un ladrón con aspiraciones de sacristán frustrado.
Valle de Lerma Hoy
