
La iniciativa nació hace tres años con la idea de rescatar los carnavales de antes, esos donde vecinos y familias se enfrentaban con baldes, harina y bombuchas en plena calle. Hoy, la propuesta crece y convoca cada vez a más vecinos en las esquinas que esperan la caravana preparados para el clásico “ataque” de alegría con bombuchas, pintura y harina.

Con casi 50 integrantes familiares y el apoyo de vecinos y amigos, la caravana busca transmitir a las nuevas generaciones el espíritu del carnaval sano. Bajo el lema “El que se moja no se enoja”, la familia apuesta a sostener la identidad cultural del pueblo. El objetivo es que chicos y grandes compartan una jornada donde el juego vuelva a ser protagonista. Disfraces, risas y agua asegurada forman parte de una celebración que crece año a año.
Valle de Lerma Hoy
