
El Carrileñazo, uno de los festivales más tradicionales del Valle de Lerma, atraviesa horas de incertidumbre. A menos de un mes de la fecha en la que históricamente debería realizarse —entre el 10 y el 20 de mayo—, no hay confirmaciones oficiales, ni cartelera, ni certezas organizativas. Solo dudas. Y cuestionamientos cada vez más fuertes.
La concejal de El Carril, Samantha Correa, fue contundente: el festival, en sus últimas ediciones, “ha dado más pérdidas que ganancias”. Sus declaraciones no solo apuntan a la continuidad del festival, sino que también abren un debate más profundo sobre la gestión de los recursos públicos y la planificación cultural que se le ha dado en el tiempo a este evento.
El año pasado, la organización del festival pasó a manos de la Agrupación de Gauchos Coronel Luis Burela, aunque —según remarcó Correa— el municipio continuó aportando importantes sumas de dinero. El resultado, lejos de ser alentador, dejó un saldo en contra: una deuda cercana a los 80 millones de pesos. Pero el problema no es solo económico. También es institucional. “No sabemos si se pagó, cómo se resolvió o en qué estado está esa deuda. No hay información”, cuestionó la edil.
En ese contexto, la posibilidad de una nueva edición en 2026 aparece, al menos por ahora, como una incógnita difícil de despejar. Y más aún si se tiene en cuenta el calendario: a 10 de abril, organizar un festival de esta magnitud en apenas semanas parece, cuanto menos, una apuesta riesgosa. Correa fue clara al respecto: “No se puede armar un festival en 15 días”. Y comparó la situación con otros municipios que planifican sus eventos con meses de anticipación, asegurando artistas, logística y financiamiento con tiempo suficiente.
La discusión, sin embargo, no pasa solo por hacer o no hacer el Carrileñazo. El planteo de fondo es otro: quién debe hacerse cargo, cómo se financia y bajo qué condiciones. La concejal propuso que el evento pase a manos privadas o de instituciones que puedan sostenerlo sin comprometer las arcas municipales. Porque, según advirtió, cuando el festival pierde, no pierde solo el municipio: pierden también los vecinos.
El Carrileñazo forma parte de la identidad cultural de El Carril. Suspenderlo sería un golpe. Pero sostenerlo sin planificación, sin claridad financiera y con antecedentes deficitarios, también tiene un costo. Hoy, se enfrenta a una decisión compleja: apostar por la continuidad a cualquier precio o repensar el modelo para evitar que la tradición se transforme en una carga.
Valle de Lerma Hoy
