
En la etapa final de la Campaña Antártica de Verano (CAV) 2025/26, el emblemático buque de la Armada Argentina opera sobre la Península Antártica, cumpliendo con una de sus misiones más significativas: el relevo de las dotaciones en las bases permanentes. Entre ellas, la Base Antártica Conjunta San Martín, ubicada en el islote del mismo nombre, en Bahía Margarita, uno de los puntos más australes y aislados del país.
Allí, Burgos integró durante un año la dotación saliente, compuesta por 20 personas. Llegaron el 29 de marzo de 2025 y, desde entonces, enfrentaron el desafío de convivir en condiciones extremas, donde el aislamiento, el clima y la distancia con sus seres queridos ponen a prueba tanto el cuerpo como el espíritu.

Infante de Marina y con 47 años, el quijaneño tuvo un rol clave dentro de la base: se desempeñó como encargado logístico, de medioambiente y de tareas de Búsqueda y Rescate. Su labor diaria incluyó, entre otras funciones, el control y clasificación de residuos, una tarea fundamental para preservar el delicado ecosistema antártico. “Recibimos capacitación durante todo el 2024 para cuidar el patrimonio natural, que incluye tanto la flora como la fauna del lugar”, explicó Burgos, destacando el compromiso ambiental que exige la presencia argentina en el continente blanco.
Pero más allá de las responsabilidades, hay algo que marcó profundamente su experiencia: la convivencia. “La camaradería fue muy buena. Es interesante aprender de las distintas culturas de cada fuerza. Nosotros, en la Armada, estamos acostumbrados a pasar mucho tiempo lejos de la familia, y eso nos fortalece como equipo”, señaló.
La Base San Martín no solo cumple funciones logísticas, sino que también es un polo científico clave. En su Laboratorio Antártico Multidisciplinario se desarrollan investigaciones sobre geomagnetismo, ionosfera, fitoplancton, geodesia y glaciología. Mientras tanto, en el entorno natural, la vida se abre paso en forma de líquenes y musgos, y en la presencia de especies emblemáticas como pingüinos Adelia, focas de Weddell, orcas y diversas aves marinas.
Durante los meses más duros —entre junio y noviembre— el mar se congela, permitiendo realizar exploraciones sobre hielo con fines científicos, en un escenario tan imponente como desafiante. Con una trayectoria que incluye misiones en Chipre y Haití, Burgos no duda al hacer un balance de su carrera: “Ingresar a la Armada fue la mejor decisión que tomé. Las experiencias son únicas. Una cosa es entrenar y otra muy distinta es enfrentarse a lo desconocido y al clima extremo. Esto fue inolvidable”.
Hoy, mientras el Irízar avanza entre témpanos rumbo al reencuentro con sus seres queridos, la historia de este salteño se convierte en un reflejo de vocación, compromiso y orgullo federal en el lugar más inhóspito del planeta.
Fuente:GacetaMarinera-Armada Argentina
