
Su historia comenzó con una pelota como única certeza y un talento que no tardó en abrirle camino. Defendió los colores de Central Norte y de Instituto de Córdoba, y su juego también lo llevó por otras instituciones como Huracán y Peñarol. En cada cancha dejó destellos de ese fútbol atrevido y elegante que le valió el apodo de “Maravilla”.
Una lesión lo obligó a colgar los botines antes de tiempo, pero lejos de alejarse, eligió otro lugar desde donde seguir compitiendo. Se convirtió en el entrenador más ganador de la Liga del Valle. Sumó campeonatos con el Club Atlético Chicoana, con equipos de La Merced, Juventud Unida y Cerrillos, y escribió una página memorable en 2018 al consagrarse con Olimpia Oriental. Sin embargo, su legado no se explica en trofeos sino en personas.
Quienes pasaron por sus entrenamientos recuerdan más que tácticas: recuerdan consejos, abrazos a tiempo y una enseñanza clara sobre el respeto, la humildad y el amor por la camiseta. Tenía la virtud de transformar un vestuario en familia. Hoy el Valle de Lerma entero lo despide con gratitud. Se fue el cuerpo, queda la huella. Queda el maestro que enseñó que la pelota une, que competir no está reñido con la nobleza y que el verdadero triunfo es formar buenas personas. Hasta siempre, Maravilla. Que el cielo tenga cancha grande y arco abierto para tus gambetas eternas.
Valle de Lerma Hoy
