
La institución no cuenta con vacantes para nuevos ingresos y, para agravar la situación, cuatro aulas están en condiciones de ser demolidas por problemas estructurales. Esta realidad no solo impide ampliar la matrícula, sino que también deja sin posibilidad de habilitar los baños del primer ciclo, esenciales para el normal funcionamiento escolar.
Los trámites para la demolición y construcción de nuevas aulas comenzaron en agosto de 2025. En diciembre se avanzaba en la elaboración del proyecto técnico, pero hasta hoy no hay respuestas ni inicio de obras, ahora que se espera además demore 2 años. El silencio administrativo contrasta con la urgencia de cientos de niños que necesitan condiciones dignas para aprender.
“Se necesitan baños para cada ciclo, pero no va a ser posible. Vamos a tener que tener recreos diferenciados y organizar el ingreso a los sanitarios para que puedan compartirse”, explicó la directora, Miriam Mamani. La preocupación es evidente: el uso intensivo de instalaciones precarias anticipa nuevos inconvenientes.
La crisis expone una realidad que va mucho más allá de la pintura o el corte de pasto. Aquí no se trata de estética, sino de seguridad para los chicos. Cuatro aulas presentan problemas estructurales, en realidad desde hace mucho tiempo, y no hay soluciones definitivas. No alcanzan los parches: hacen falta obras de fondo.
Mientras la burocracia avanza a paso lento, la educación queda en pausa. Pasaron los carnavales y la pregunta que resuena en El Carril es inevitable: ¿y ahora qué? Porque cuando la infraestructura colapsa, también lo hace el derecho básico de los chicos a estudiar en condiciones adecuadas.
Valle de Lerma Hoy
