
Cerca de las 15 horas, Belén su hermana llegó a la casa de Natalia, en el Barrio Luz y Fuerza, y se encontró con Serapio de frente, quien, muy nervioso, le dijo: “La loca esa salió corriendo, se fue”. Belén se asustó inmediatamente, ya que sabía que algo pasaba, y fue a buscar a su otra hermana, para que la acompañara nuevamente a la vivienda.

Inmediatamente avisaron a la familia, que se encontraba reunida en el Barrio San Jorge. Irene relató que, en medio de la desesperación, lograron que un vecino las trasladara y, como no pudieron comunicarse con los sistemas de emergencia, se dirigieron al Hospital Francisco Herrera para pedir una ambulancia. Allí, desde la guardia, les solicitaron que la trasladaran directamente en la camioneta.
Al llegar nuevamente a la casa del barrio Luz y Fuerza, encontraron a Natalia tendida en el piso de su habitación. La subieron a la camioneta y una de sus hermanas, que es enfermera, le practicó maniobras de RCP. La madre asegura que Natalia estaba viva en ese momento. Sin embargo, al llegar a la zona céntrica de Campo Quijano, a pocas cuadras del hospital, Natalia dejó de responder. Cuando llegaron al hospital la ingresaron de inmediato y, minutos después, la médica informó que había fallecido.
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Irene explicó que Natalia había pedido en innumerables oportunidades una perimetral. En los últimos días, insistía con mayor fuerza en que la necesitaba. Natalia tenía dos hijos en común con Serapio y, en medio de un contexto de violencia de género, se habían separado. Natalia se había recibido recientemente de docente y, en medio de las dificultades de la vida, Serapio había logrado convencerla de que se mudara desde su casa familiar del barrio San Jorge a la vivienda del barrio Luz y Fuerza. Él le había asegurado que se mudaría y le dejaría la casa para ella y sus hijos, algo que había cumplido.
Sin embargo, en el último tiempo, con la excusa de llevar a sus hijos a la casa de sus padres, comenzó a ingresar nuevamente a la vivienda. Por ese motivo, Natalia reforzó la necesidad de la perimetral, que nunca llegó.
La tragedia es doble para la familia Cruz Vázquez. En el año 2017, Amira Vázquez, de tan solo 17 años y hermana de Natalia, había sido asesinada. En ese entonces, su pareja la mató en el baño de una cancha del barrio San Jorge y luego se quitó la vida. Cerca de nueve años después, Natalia, que había llorado con desesperación la muerte de su hermana menor, se convirtió también en víctima de femicidio. Serapio permanece fugitivo.


Valle de Lerma Hoy
