
Este hecho es una preocupante falta de respeto, de educación y de sentimiento patriótico. No es una simple travesura. Es una falta grave contra un símbolo que representa dolor, orgullo y dignidad para todo un pueblo. Los dibujos, aparentemente infantiles, no pueden ser tomados como un acto inocente. Detrás de ellos hay adultos que miraron para otro lado, padres y responsables que permitieron que ese lugar sagrado fuera utilizado sin conciencia ni límites. La responsabilidad no es solo de quienes pintaron, sino también de quienes no enseñaron a respetar.
Vecinos y familias expresaron su indignación ante este ultraje. El espacio que honra a nuestros excombatientes fue dañado con pinturas que nada tienen que ver con el juego ni con la creatividad: dañan la identidad, la memoria y el respeto. Porque cuando se pierde el respeto por los símbolos, también se pierde el rumbo.
Valle de Lerma Hoy
